Diccionario de ideas afines y elementos de tecnología – Benot, Eduardo

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Benot, Eduardo

Estado del ejemplar: Usado - Muy bueno
Número de inventario: 11699

Detalles bibliográficos

Editorial: Ediciones Anaconda, Buenos Aires
Año de publicación: 1949
Encuadernación: Cartoné
Estado: Usado - Muy bueno
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Diccionario de ideas afines y elementos de tecnología | Benot, Eduardo | Ediciones Anaconda | 11699

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Descripción

1417 páginas. Es sabido que el vocabulario común, adquirido y manejado mediante el aprendizaje directo en la casa paterna, en la esfera de las amistades y las relaciones de familia, no basta al hombre, en determinados momentos de su vida, para expresar el pensamiento culto. La destreza en el manejo del vocabulario no se logra tan sólo en contacto con la gramática y los diccionarios. Necesitamos de otras fuentes, y a ellas debemos recurrir cuando nos apremia la convicción de que no hemos alcanzado a expresar cabalmente, medíante el manejo de nuestras palabras usuales, una idea que dominamos, pero que no podemos transmitir con claridad a fin de que sea comprendida sin equívocos. El conocimiento y manejo del idioma no se improvisa, ni todo consiste en su estudio. No es posible retener la infinidad de voces que lo forman. Se olvidan o se confunden, o su acepción se modifica. Los términos tienen, cada uñó, su vida propia, pero derivan de otros, y esa consanguineidad, esa relación matriz, determina el sinónimo, aunque ninguna voz corrige a otra, ni la amplia, ni la suplanta. En el orden de las ideas, cada palabra es un aporte nuevo, que juega libremente dentro del idioma, completándolo, sin que por ello pretenda ser la aclaración de una voz similar. El idioma otorga, a cada hombre, los valores indispensables a su propia elocuencia. Es una fortuna hecha para todos y de la cual cada uno puede y debe gozar totalmente. Para nadie debe haber misterios en el habla, si bien no todo es saber ex* presarse. Cada cual puede sentirse satisfecho con su pobreza de expresión. Lo cierto es que el lector no siempre se conforma. Porque no debe confundirse la sencillez en el habla con la riqueza del lenguaje. En cuanto uno llega a ponerse en contacto con el oculto tesoro de voces que forman el idioma, eleva su expresión, da categoría a su pensamiento, y además, por la fuerza con que logra expresar el propio pensamiento, domina las ideas de la persona o la sociedad a quien se dirige. El temperamento del hombre se denuncia patentemente en la forma que otorga a sus ideas, a los matices con que ¿s expresa, a la intención y madurez que pone en ellas. La inteligencia humana ha requerido ese tesoro de voces para denunciar su estado de cultura. La existencia del hombre es una escala continua de voces con las cuales va afirmando sus conquistas en el mundo.

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