Una hora de España – Azorín

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Azorín

Estado del ejemplar: Usado - Muy bueno
Número de inventario: 12265

Detalles bibliográficos

Editorial: Espasa - Calpe Argentina, Buenos Aires
Año de publicación: 1948
Encuadernación: Rústica con sobrecubierta
Estado: Usado - Muy bueno
Edición:
ISBN:

Una hora de España | Azorín | Espasa – Calpe Argentina | 12265

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Descripción

165 páginas. Colección Austral. El gran maestro del habla española Azorín (José Martínez Ruiz) nació en el pueblo do Monóvar (Provincia de Alicante) el 8 de junio de 1874. Dominador genial del estilo y sensible a los más imperceptibles matices de la observación, Azorín ocupa un puesto único entre los escritores que forman la generación del 98. Autor de numerosos y enjundiosos libros en que se refleja la diversidad y la profundidad del alma española, habiendo ya publicado los más representativos la COLECCIÓN AUSTRAL, en cuyo catálogo figuran: Lecturas españolas, Trasuntos de España, Españoles en París, Don Juan, E| paisaje de España visto por los españoles, Visión de España, Tomás Rueda, El escritor, Capricho, Los dos Luises y otros ensayos, Blanco en azul, De Granada a Castelar, Las confesiones de un pequeño filósofo, María Pontón, El Político, añadiendo hoy a su acervo azorinesco UNA HORA DE ESPAÑA, que fue más que su discurso de recepción, su «libro» de recepción en la Real Academia Española el 5 de octubre de 1924. En UNA HORA DE ESPAÑA está la síntesis de la preocupación de Azorín por el tiempo y el paisaje rodeando y gravitando sobre los hombres y las cosas. Se ve en su laboratorio al Fausto español tratando de aprehender la esencia inasible de lo fugaz para hacerlo eterno. Asistimos a ese momento de España entre 1560 y 1590, penetrando en la severa estancia del viejo hidalgo que está meditando y viendo pasar «su tiempo»; vemos girar en el aire suspendido de aquella hora «aquellas» golondrinas, estamos en Avila de los Caballeros, hemos conocido a un viejo inquisidor, sentado frente a los libros de su mesa; nos hemos asomado con «un religioso» a la ventana de su celda, acabando por sentarnos en lo alto de un monte junto a la fogata que han encendido unos pastores. Página tras pagino hemos vivido los largos minutos de esa hora resucitada como si fuese la hora actual de nuestra vida, sin notar las diferencias de su cortesía, de su atavío, de sus lámparas, por que en eso está el quid divino de Azorín.

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Peso120 g